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La Coctelera

La vitrina del chicharronero

Cascarrabias a la deriva

26 Abril 2006

Del desamor y otras puñeterias

A la mujer en Villainfierno, después de romper con la primera relación amorosa de su vida, le sucede lo mismo que a las actrices porno. Al principio, recién inaugurada en el ámbito sexual, y ansiosa por experimentar con nuevos y diferentes machos (siempre en búsqueda del amor), comienzan a recibir mensajes en el celular, llamadas, invitaciones, todos los machos están disponibles. Entonces la farándula amorosa se concibe con mayor rapidez a comparación con la primera y larga relación (que se basaba en el “poco a poco” y en el “todo tiene su tiempo”). Los besos son más rápidos, mas experimentados. Piensan: este no me va a chamaquear tan fácil. Pero lo que no saben es que detrás de todos esos (en realidad mínimos) esmeros, la única intención machista prevalece en obedecer a las testosteronas de los cinco minutos, y que una vez pegado el grito al cielo en conmemoración al triunfo, las llamadas y los mensajes solo continuarán por un tiempo, hasta que las testosteronas se empalaguen y encuentren otro oasis vaginal en el desierto de la castidad. Y cuando la cochambrosidad ya no dé para tanto a la imaginación carnal, los mensajes descenderán a mandadas al diablo reflejadas en sonrisas orgullosas y satisfechas. La mujer dejará de ver el número telefónico en el buzón de entrada, a diferencia del macho empachado y hasta la coronilla, que lo encontrará saturado, dependiendo de la insistencia y labor de cada mujer recién cogida y abandonada. No hay problema, vendrá otro a sobrecogerla en su ameno-refugio-consolador, y la historia se repetirá, ésta vez, con mayor cautela y desconfianza por parte de la hembra. Que al fin y al cabo terminará igual, aunque mas pronto, porque la noticia de que el corderito andaba fuera de su rebaño ha corrido demasiado prisa, y todos los lobos que andaban con la lengua de fuera de aquí hasta la pared de enfrente, han empezado a saciar su hambre en el sucio abrevadero de sangre apestoso a bacalao deshidratado.
Una tras otra. Así será. Entonces a los machos se les atrofiará el olfato porque ese viejo oasis huele a baba de camello, o a vagina no precisamente de una estrella porno, sino de una simple actriz porno de dieciocho años que en una semana, tras habérselo pensado, firma contrato y se avienta cinco películas pornos de a novecientos dólares la escena, con un muy devaluado kilometraje, que a los cuatro meses la tendrán fuera de la industria y sin recibir llamadas, como la otra pobre mujer contemporánea, engañada y engatusada por los medios de comunicación y las telenovelas. Pero qué importa. Ella seguirá pensando que no fue el macho, sino al revés, quien se recogió al otro, con la imagen proyectándose sobre un mundo tercermundista hasta para copular a razón de la igualdad sexual.
Eso es: ya se le ha visto devaluada. Ahora las llamadas son mínimas, casi nada. Mediocres telefonazos de partidarios rezagados y también recogidos por la mala suerte, que a esa edad, ya no tienen mucho que ofrecer. Carne vieja aun acostumbrada a aquella primera relación amorosa inexistente e irrepetible. Carne vieja desesperada y germinándose por dentro pero con dignidad y buena calidad exteriorizada. Carne vieja por ambos sexos con una disfrazada oferta especial en la vitrina del hastiado-cupido-carnicero. Mujeres que no se pueden tirar a la basura y hombres que fueron siempre basura y por eso se quedaron sin escoger. Todas las buenas parejas ya han sido escogidas y otras desbaratadas para terminar siendo carne vieja como actrices porno de dieciocho años con un kilometraje de cien películas en cuatro meses. Ellas también reciben mediocres telefonazos para contratos más atrevidos e indignos. La necesidad es cabrona. Hay que comer o alimentar al amor. Todas las mujeres quieren hacerlo de alguna forma. Alimentar al amor. Un gato, un perro, una planta, visitas a los padres, viajes internacionales con horizontes prometedores en el itinerario, dating Web sites, bullshit & crab. Y no habrá nadie que les haga entender que lo mejor ya pasó y lo peor aun puede suceder buscando lo mejor. Nadie está para quedarse solo, por supuesto. Por eso se le avienta al kilometraje unas cuantas millas de más. A ver qué sucede. Parece interesante. Hay que vivir la vida. Total, todo es para alimentar al amor. Todo es en nombre del amor. Amor a la puteria. Amor a la pornografía con terror al hepatitis G y al VIH. Amor al amor con pánico al desamor. Desamor por todos lados y buenos prospectos por ninguno. Futuro incierto-lluvia de mierda segura. Parasoles y sombrillas batidas. Arcoiris de moscas carroñeras revoloteando por todos los alrededores desamparados, y pronto (quizás ya), putrefactos.

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n

n dijo

lo que faltó fue reconocer que en el juego del desamor las mujeres no están para ovejas descarriadas, atontadas, y desorientadas...al contrario, al final es un juego de lobos comiendose entre si, tanto uno como otro juegan a no saber lo que estan haciendo, las mujeres con los juegos de niñas lolitas, los hombres de machitos conocedores de mundo...la igualdad de sexos radica en que ambos están embarrados de lo mismo...=P

27 Abril 2006 | 05:27 AM

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La vitrina del chicharronero

Villainfierno, México
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Desde la tierra mexica, Villainfierno: Lucio A. Blanco es un adulto esquizofrenico que se quita la edad y viste como springbreaker en su intento desesperado por conquistar adolescentes. De fisonomia juvenil y fisico raquitico, suele sacarle provecho a sus locuras aprovechandose de la ingenuidad e ignorancia de sus victimas. Culto y a la vez impertinente, se va ganando enemigos donde pisa. Malinchista por conveniencia, se averguenza de sus costumbres y raices. Lucio tiene todos los requisitos para ser odiado y segregado de cualquier circulo social por mas que se aferre a pertenecer a alguno de ellos. Adiu.

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